Cuando la simpatía se disfraza de empatía

En términos generales, la empatía es un atributo que es muy apreciado,  un rasgo que todos deseamos tener y lo proclamamos como propio.  Constantemente se promociona en una entrevista de trabajo  como una destacada habilidad a nuestro favor.

Lo cierto es que la empatía,  que se define coloquialmente como “ponerse en el lugar del otro”, es en realidad una capacidad cognitiva para percibir lo que el otro puede sentir. Esto lleva a la conexión profunda con la otra persona.

Theresa Wiseman es una enfermera que estudió la empatía durante mucho tiempo, desarrolló un concepto muy interesante, proponiendo 4 atributos que debía tener la empatía:

  1. Tener perspectiva, lo que implica entender la perspectiva del otro, es decir cómo el otro está viendo la situación en su propia realidad y contexto.
  2. No emitir juicio
  3. Reconocer y leer muy bien las emociones del otro. No suponerlas, porque a veces uno suele pensar que el otro debería sentir pena, pero en realidad estamos ante la rabia.
  4. Comunicárselo

Esta sensibilidad hace que al conectarnos con el otro hacemos nuestro su dolor. Significa que buscamos emociones difíciles en nuestro interior para compartir y sintonizarnos con el otro. No se busca solucionar el problema. Significa compartir, acompañar.

 Y es ahí donde radica lo difícil que es encontrar alguien realmente empático: que tenga el valor de buscar en su interior y se atreva a sentir como tú te estás sintiendo en ese momento.

Lo que siempre encontramos es más simpatía que empatía. La simpatía busca consolar, busca aliviar y solucionar el problema, pero se aleja de esta conexión que da la empatía.

¿Cómo reconocer a un simpático? Porque intentará acercarte a las cosas positivas que tienes, sin conectarse antes con tu emoción. Un simpático utiliza frases como “pero al menos tienes” o por ejemplo: si te digo que lo estoy pasando muy mal en mi relación de pareja, que peleamos todo el día y que eso me tiene mal, alguien simpático diría: “pero tienes pareja. Ya se va a solucionar porque han estado juntos tanto tiempo”. En cambio, una persona empática te acompaña en esa situación sin suponer lo que deberías sentir, sino sintiendo contigo sincronizadamente. Es decir, cuando estás con alguien empático, no estás solo en tus emociones.

¿Por qué es importante conocer esta diferencia? Porque nos  permite recurrir a las personas correctas cuando estamos en necesidad. Por ejemplo, cuando lo requiramos, seleccionar un profesional empático y quizás alejarnos de los amigos que desbordan simpatía y buscar aquellos que realmente sean capaces de acompañarnos.

Sin embargo, debemos entender que ser empático es tremendamente difícil y es necesario entrenar esa capacidad para protegernos. No podemos ser empáticos con todo el mundo y siempre, eso nos lleva a sufrir de más.

Por: Andrea Eberhard. Terapeuta ocupacional, Universidad de Chile.  Actualmente trabaja en MirAndes Clínica 

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